Si bien el dicho reza que 20 años no son nada, en este caso…30 años menos, o a lo sumo se pasan volando, como bien se recordaron durante este show especial los miembros de GAMMA RAY. Sin material nuevo desde 2014 por los compromisos de Kai Hansen con HELLOWEEN y la actividad de la banda con un montón de shows en directo repartidos por el mundo en esos años, lo cierto es que se aventuraba difícil no abalanzarse con fuerte síndrome de abstinencia sobre el directo que prepararon los teoutones en torno a la celebración de su trigésimo aniversario (30 Years Of Amazing Awesomeness).

La complicada situación que vive el sector musical derivada de la crisis del coronavirus, dejando sin trabajo en directo a músicos, técnicos, promotores y empresas relacionadas con el sector, han motivado a buscar alternativas para no parar por completo su actividad. La opción de las actuaciones especiales vía streaming ha sido una de las actividades a las que más se han sumado los grupos para añadir unos cuantos dinerillos a sus malogradas cuentas de este fatídico año.

GAMMA RAY ha cumplido 30 años como formación en este 2020 y visto el éxito que tuvo la gira de HELLOWEEN reencontrando a todos sus miembros en actividad debió de incentivar este encuentro donde el plato fuerte era, sin lugar a dudas, la colaboración del primer vocalista de la formación, Ralf Scheepers. Cómo sería la cita era un misterio, y lo que nos tendrían preparado, toda una sorpresa; tanto para bien como para mal, no es lo mismo acudir a una fiesta como esta con todas las galas metaleras y junto a buena compañía que a verlo en el sofá, con cerveza fresquita directa de la heladera y con la comodidad del sonido e imagen de nuestras televisiones de ultimísima generación. ¿Funcionaría el invento?

Con un repertorio ajustado a la protocolaria hora y cuarenta y cinco minutos (qué se le va a hacer) la banda descargó, de la mejor de las maneras posibles, todo su puñado de himnos históricos, jugueteó en el escenario capeando el problema de actuar en un recinto cuasi vacío (los únicos asistentes eran los pases VIP que contemplaban el show desde zonas habilitadas para ello) si bien es cierto que la cosa no dejó de ser en gran medida un concierto muy normalito de los que siempre les hemos podido ver, a lo que hay que sumar que Kai ya no está para dar trotes y gritos y por ello reparte las tareas vocales en Frank Beck, quien asume de la forma más digna que pueda verse el papel de segunda voz de apoyo en las tablas.

En el apartado técnico tuvimos de todo. Desde el impacto inicial de escuchar un sonido totalmente crudo, directo desde la mesa y con los arreglos del momento hasta nuestras casas, sin la posproducción con la que se solventan todos los problemas que surgen en el escenario, hasta errores de sonido en las primeras partes en la guitarra de Henjo. La cobertura se realizó con multicámara, con una realización muy cuidada y toda la parafernalia que se podría esperar de una cita como esta. Es curioso que el sonido de los teclados en este concierto fuese protagonista principal en muchas de las canciones, cuando por lo general por el barullo del directo en los recintos perdemos esos matices, por lo que este encuentro también nos dio unas cuantas buenas canciones de la banda con unos detalles que no habíamos apreciado antes.

El setlist no sorprendió hasta la aparición de Scheepers, siendo hasta ese momento correcto y de sota caballo y rey. No se centraron en hacer un repaso en la historia de la banda (algo que pudieron pensar muchos) sino que prefirieron atacar sus himnos históricos, y con ellos nos deleitaron.

Comenzando por la obligada «Dethrone Tyranny» y la consabida «New World Order», le dieron énfasis en los primeros compases a su actividad más reciente, descargando también «Avalon», «Master Of Confussion» y «Empathy». Tras esto tuvimos el primer salto temporal fuerte, yendo directos a los sonidos de «Rebellion In Dreamland» y «Land Of The Free». Hasta ese momento, se podía apreciar en Kai un cierto tono de resignación, como sabiendo que lo que venía a mitad de noche era lo importante y que no íbamos a poder disfrutarlo como los fans y ellos mismos se merecían, y así fue.

Tras los primeros 45 minutos de actuación hizo acto de presencia el gran invitado de la noche, siendo el primer momento en el que se pudieron escuchar los gritos y aplausos desde las salas VIP del recinto que acompañaban a los músicos. Visiblemente emocionado, Ralf dio paso a las seminales «Lust For Life» y «One With The World», dejando clarísimo que su estado de voz superaba con creces a lo que Kai y Frank pueden ofrecer en las canciones que requieren tonos agudos y constantes. La gran sorpresa de la noche, sin lugar a dudas, fue la interpretación de la balada «The Silence» que con ese rollo tan QUEEN que ha destilado siempre dejó grandes imágenes de los dos miembros originales de la formación ante el respetable repartido por todo el mundo via online.

Llegados a este punto podríamos decir que entrabamos en la zona de primeros bises, abandonando Ralf el escenario y preparando la banda dos de las descargas más largas de la noche; comenzaron con «Armageddon», recordando lo que ha sucedido con el coronavirus es un fin del mundo como lo conocemos en toda regla, y dejando un buen momento de solo de teclado para los asistentes. Finalizada esta, Scheepers se reincorporó a la formación y atacaron la larga, meritoria, carismática y definitoria «Heading For Tomorrow», 15 minutos de auténtico GAMMA RAY en directo. Qué cabe duda que hacía mucho ya estábamos por completo metidos en el directo, aun estando en la distancia y en nuestras casas, vibrando con cada una de las descargas de los teutones. Por desgracia, ya todos calientes y dentro del juego, sonidos de tormenta anunciaban el final de la noche: «Send Me A Sign» se encargó de finiquitar la noche, tema en el que también participó el vocalista original, dejando ese momento como uno de los mejores de la cita.

Y tan pronto estamos dentro de la propuesta como la triste realidad nos golpea con fuerza. Sí, este concierto había sucedido; eran casi las 10 de la noche del 27 de agosto y habíamos recibido un regalo como fans de la formación y asistido a un encuentro familiar y cálido para Hansen y Scheepers. Y también se ha dado de la forma en la que han tenido que ofrecerlo por las circunstancias sanitarias en las que nos encontramos.

Decimos que al finalizar la retransmisión nos quedo un sabor amargo, que tarda en quitarse: hemos bebido con ansia la botella de cerveza y los posos han tocado nuestras papilas gustativas, devolviéndonos a la realidad: la situación es muy jodida y la música en directo va a tardar mucho tiempo en volver a mostrar signos de una actividad relativamente normal. Apoyemos a los músicos y bandas con iniciativas como estas; el engranaje de la música no debe pararse, se lo debemos, por estos maravillosos treinta años de Power Metal sincero, divertido, desvergonzado y eterno.

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